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El paso de los años y la sexualidad
Todavía se cree que las personas mayores pierden el interés por el sexo o no deben mantener relaciones sexuales a causa de la edad y de sus condiciones físicas, pero no tiene por que ser así dado que aquella no es un impedimento para llevar una sexualidad activa y feliz. La vida sexual no termina, aunque se produzcan ciertos cambios en la respuesta sexual debido al paso de los años, a los medicamentos, a alguna enfermedad o a la propia angustia y preocupación por el desempeño sexual.
A partir de los cincuenta, los cambios hormonales experimentados por
los hombres son menos significativos que los de las mujeres.
A medida que el hombre envejece, hay una reducción gradual de la producción de Testosterona que da lugar también a que en las eyaculaciones haya menos semen y menos espermatozoides, pero aun así, el varón sigue produciendo Testosterona, semen y espermatozoides hasta el final de su vida. La fertilidad varía de hombre a hombre y la edad no es por si misma un determinante de predicción de la fertilidad masculina. Existe la creencia popular de que las personas que moderan su actividad sexual durante la juventud disfrutan de una vida sexual más larga. Pero esta afirmación carente de bases científicas es errónea, puesto que los estudios han demostrado que aquellos quienes han sido más activos y mantenido una práctica sexual contínua y equilibrada, probablemente disfrutar de una mayor capacidad de respuesta sexual en años posteriores. Con los años el hombre tiene mayor dificultad para lograr y mantener una erección, existe la necesidad de una estimulación más prolongada, tanto para obtener una buena erección como para llegar al orgasmo. No obstante, también es cierto que la disfunción eréctil es más común a medida que envejecemos; con frecuencia, esta es el resultado de un problema orgánico o psicológico y no por el simple hecho de envejecer. Se estima que el 90% de los casos de impotencia tienen una causa orgánica y no psicológica. Algunos medicamentos (especialmente los utilizados para tratar la hipertensión arterial y algunas otras afecciones) pueden hacer que un hombre sea incapaz de tener o mantener una erección que sea suficiente para una relación sexual. Asimismo, las enfermedades como la diabetes mellitus, con sus consecuencias neurológicas y vasculares, pueden causar impotencia.
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